Capricornio

De 22 de diciembre a 20 de enero. Signo cardinal y terreno, y también equinoccial, siendo su equinoccio el de invierno. Así el gobernador de Capricornio, como es de pronosticar, es el helado y viejo Saturno. Uno no invita a cenar la misma noche a Leo y a Capricornio y, si se consulta la descripción de Leo, encontraremos una noción de cómo es Capricornio. Con este signo, uno está (en la Europa occidental) en la medianoche del año, por lo que no es de extrañar que Morrish destine este paso al «control de la mente». Tucker dice que si Capricornio es nuestro signo-Sol, deberemos evitar el alcohol en todas sus formas, si está en creciente sentiremos fuerte inclinación hacia el pesimismo, y si tenemos la Luna en Capricornio seremos muy desagradables, si no se ejercita el control; testigo, Napoleón.
A mediados del siglo XIX, cuando la astrología se hallaba muy mezclada con el simbolismo bíblico, Francés Rolleston (autora de un extraño libro titulado Mazzaroth, nombre hebreo del Zodíaco, equiparó a Capricornio con el cabrito del sacrificio. Pero luego esta escritora equipararía a Aries (¡de todos los signos!) con el cordero de la inocencia y la mansedumbre. Desde ángulos más ortodoxos, A. J. Pearce atribuyó a este signo «una disposición sutil, sosegada, serena, ingeniosa y sin embargo melancólica»; e Ingrid Lind habla de la «acción aliada con la cautela y el sentido común». A través de los tiempos Capricornio ha estado representado las más de las veces por una cabra con cola de pez. Varley comenta que mientras algunas personas de Capricornio tienen aspecto de cabras, otras lo tienen de pez. Simbólicamente, sin embargo, podemos llegar más profundo —¡o más alto!— que eso: es un pez con ambición, que le gustaría encaramarse por las montañas.
Barbault destaca la oposición —y la relación complementaria— de Capricornio y Cáncer; éste es para Capricornio lo que la madre para el padre, la base para la cima. En Capricornio nos estamos escapando de la cuestión (compárese a Morrish). Está entrando la colectivización y tal vez se adueñe el estado o conciencia religiosa. Saturno está lanzando un frío o una sombra y no obstante puede ser un liberador. Si Saturno, el gobernador, está verdaderamente en este signo, entonces todo queda cortado radicalmente: se consiguen personas como Kant y Mallarmé. Entre otros tipos de Capricornio, Barbault pone a la reina Isabel (Capricornio creciente y en sextil a Saturno, por tanto fuertemente saturniano), el estólido mariscal Joffre (signo-Sol y ascendente), Kepler (de quien se hablará más adelante), Pasteur, Woodrow Wilson, y, por encima de todos, Stalin. El nombrado en último lugar tenía su Sol en Capricornio, en aspecto con todos los planetas de movimiento lento, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno.
Las personas de Capricornio son consideradas tradicionalistas natas, pero no son grandes diplomáticos.
Les gustan las ceremonias tradicionales, religiosas o civiles, y se sienten contrariados si van inadecuadamente vestidos para ese momento. También se admite que muchos de ellos son religiosos en un sentido más profundo: esto pudiera parecer un puente de la astrología tradicional a la astro-psicología de Morrish. Para Morrish, Capricornio es la puerta para la vida espiritual, del mismo modo que Cáncer lo es para la material.