El Sol

Según la astróloga inglesa Margaret E. Hone, las «palabras clave» del Sol (es decir, palabras que expresan los aspectos de la personalidad humana ligada con el Sol) son poder, vitalidad y auto-expresión. En contraste con la Luna, que representa el principio femenino y lo inconsciente, el Sol ostenta el principio masculino y el consciente. Tradicionalmente, no fue ni un planeta bueno como Júpiter y Venus, ni un planeta malo como Marte y Saturno. Tenía algo de ambas partes, como Mercurio. Por otro lado, los astrólogos indios tienden a considerarle poderoso, pero maléfico. Para ellos, el Sol controla el corazón, y la Luna, la mente; pero esta última, por ventura, es generalmente considerada como más poderosa.
El Calendario y Composición de los Pastores describe al Sol como «un planeta de gran renombre y rey de todos los planetas…, por naturaleza cálido y seco, y el planeta Saturno es su completo contrario». En cuanto a sus efectos sobre los seres humanos, «todos los hombres y mujeres nacidos bajo el Sol son muy guapos, de aspecto amable, piel blanca y tierna, buen color en la cara con alguna rojez… Limpios y de buena fe, gobernarán a otras gentes… Los niños que nazcan bajo el Sol desearán el honor y la ciencia y cantarán muy agradablemente. Gozarán de valor, bondad y diligencia, y desearán el mando sobre otras personas… Y de todos los miembros del cuerpo humano, el Sol tiene el corazón, como planeta poderoso sobre todos los demás».
Ptolomeo afirma que, de las siete edades del hombre, el Sol controla la cuarta, alrededor de los 20 a los 40 años (aunque otros autores distribuyen las edades de forma distinta). El Sol naturalmente rige el domingo; pero como las horas del día fueron también distribuidas entre los siete planetas, en el día del Sol sus horas particulares fueron la primera, la octava, la quince y la veintidós. Se creyó que el niño en el útero materno era dominado por el Sol durante el cuarto mes, cuando se formaba el corazón. En la mano rige o domina el tercer dedo. Y Ptolomeo (que atribuyó enfermedades a los planetas, como a los signos del Zodíaco), hace responsable al Sol de las afecciones de la vista, el cerebro, el corazón, tendones y partes de la mano derecha.
Hacia finales del mundo antiguo, los pensadores místicos reflexionaron mucho sobre el extraño comportamiento del heliotropo, planta que, como el girasol, vuelve sus flores hacia el Sol. El neo-platónico Proclo, del siglo V, escribe: Así el heliotropo se mueve en tanto cuanto él encuentra fácil el movimiento, y si uno pudiera sólo oír cómo golpea el aire al girar sobre su tallo, comprendería por este sonido que está ofreciendo una especie de himno a su rey, en la clase de cántico que puede hacer una planta.
Pero, más importante que el patrocinio del Sol a los verdaderos leones, es su evidente mandato sobre el signo Leo del Zodíaco. El Sol y Leo tiran ambos en la misma dirección. Esto quiere decir que si en su carta natal usted ha nacido entre el 23 de julio y el 23 de agosto (que hace a Leo su signo-sol) y ha nacido también al salir el Sol (lo que hace a Leo su ascendente, ya que naturalmente el signo del Sol sube cuando lo hace el Sol) sus cualidades solares y leoninas se duplicarían o más. Tal doblaje no es necesariamente una ventaja, especialmente dado que el sol no es un «buen» planeta. Demasiado sol tiende a hacer al individuo despótico. Esta escritora recalca también que uno puede tener demasiado sol, prescindiendo de su signo-sol, o de si el Sol estaba saliendo o no, si en su nacimiento hubiera muchos planetas en Leo (que es siempre el signo propio del Sol).
Ya se ha hecho hincapié en que ningún planeta puede ser calculado como si existiera en un vacío. Su influencia varía según el signo en el que se encuentra. Los libros de texto dicen que el Sol en Tauro o Piscis le hace a uno más bien bajo, en Virgo o Sagitario, alto, mientras en Capricornio proporciona una «mediana estatura». Pero este material pertenece más al capítulo siguiente. Algo que también afecta a la influencia del Sol o de cualquier otro planeta es la forma en conjunto del firmamento, esto es, los aspee tos visibles en el momento del nacimiento o en cualquier otro momento de importancia. El Sol y Venus en conjunción conducen a un carácter finalmente equilibrado (tanto Chopin como Bernard Shaw nacieron bajo esta conjunción), mientras que el Sol y Júpiter en oposición o cuadro (ambos aspectos malos) llevan a los estrangulamientos financieros
Desde los tiempos remotos, los eclipses de Sol eran considerados como augurios de grandes acontecimientos, ordinariamente desastres. Lo mismo sucedía, por supuesto, con los eclipses de Luna. Ptolomeo confiere enorme importancia a ambos. Ahora que la astrología mundana está tan oscurecida por la genética, los astrólogos tienden a no molestarse demasiado con los eclipses. Cuando lo hacen prefieren negar, en palabras de Pearce, que «el mero eclipse presagie nada». Lo que vuelve aquí a contar es el cuadro general, las posiciones planetarias relativas. Pearce cita como ejemplo un eclipse de Sol visible en Inglaterra el 7 de septiembre de 1820, en un momento en que el mal planeta Marte estaba casi en oposición con el mal planeta Saturno en Aries, el signo dominante de Inglaterra. «En unos pocos meses Gran Bretaña estaría al borde de la revolución.» Tradicionalmente se ha dado gran importancia al punto donde el eclipse tiene lugar; por ejemplo, en Libra podrá producir un cisma eclesiástico, mientras en Cáncer estropeará las cosechas.
La adoración del Sol, o la exaltación de este astro a la suprema deidad (algunas veces la única), ha sido común en varios períodos en algunos países.
Sobre este particular, en Bagdad, hacia el año 900 de nuestra era, había una secta que rezaba a los espíritus de los planetas. Los antiguos persas hacían sacrificios al Sol; en Egipto y en época tan remota como el segundo milenio antes de Cristo, el rey Akhenaton intentó derrocar el arraigado politeísmo y sustituirlo por una adoración monoteísta; y en los días de decadencia del imperio romano, el Sol fue proclamado dios supremo en el Capitolio. Por supuesto, los astrólogos no consideran necesariamente al Sol (o a ningún otro cuerpo celeste) como espíritu de adoración. Muchos astrólogos han creído que todos los cuerpos celestes son seres divinos; también muchos han negado que sean otra cosa que entes inorgánicos. En resumen, de los cuerpos celestes que han sido deificados, el Sol (alias Helios, alias Shamash) ocupa el primer lugar. El único posible inmediato a él es la Luna, alias Selene, alias Sin.

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