Júpiter

Júpiter es el planeta príncipe, y también se le conoce por Jove, a él se le atribuye la palabra jovial. Sus palabras clave son la expansión y la preservación.
Mitológicamente, por supuesto, Júpiter (el griego Zeus) fue el rey de los dioses, como lo fue Marduk, en un tiempo, en la antigua Babilonia. El gran dominico del siglo XIII, san Alberto Magno, argüía que la asignación pagana del trueno al dios Júpiter fue un error debido a la influencia del planeta Júpiter en traer las tormentas con truenos. Los dominicos no podían aceptar el panteón pagano, pero algunos sí aceptaron la astrología. Y astrológicamente, consideraron a Júpiter, junto con el Sol y Mercurio, como una de los planetas que patrocinaron la religión cristiana.
A pesar de san Alberto Magno y otros, el carácter tradicional de este planeta continúa recordándonos la antigua figura paternal greco-romana así considerada en los hogares o en cualquier junta de rectores o reunión del senado y del país. De todas las estrellas afortunadas; él es manifiestamente el más afortunado. Él puede atender en las enfermedades y ayudar a superar los desastres. Es algo así como uno de esos viejos ricos y buenos de Dickens. Este «planeta noble» —dice el Calendario de los Pastores— «es muy puro y de naturaleza clara, y no muy caliente; posee todas las virtudes. Y en Júpiter están fijados dos signos nobles del amor; el uno es Piscis y el otro Sagitario, signos de ningún daño ni desventura. Este planeta no puede causar ningún mal; es el mejor de todos. Conserva el hígado del hombre y le mantiene alegre».
Pueda o no causar el mal, Ingrid Lind y otros astrólogos admiten que puede producir el aburrimiento o el desconcierto. El hombre de Júpiter tiende a conseguir las cosas con demasiada facilidad, a hablar demasiado fuerte, a engañarse a sí mismo. El Calendario desconoce estos peligros y pinta al hombre de Júpiter como modelo de pulcritud física, vida virtuosa y alegría buena y sana. No se sugiere que tenga mucho entendimiento, pero «será un agradable conversador y hablará bien a espaldas de otra persona. Amará los colores verde y gris. Será muy afortunado en el comercio y tendrá abundancia de oro y plata, y amará el cantar y el estar honestamente alegre. Y él gobierna el estómago y los brazos del hombre».
Por otro lado, Raphael hace a Júpiter responsable de los curanderos, timadores y borrachos, pero sólo cuando está o lo parece débil en la carta o mapa gráfico. Cuando aparece fuerte, produce hombres para jueces y arzobispos. Entre sus bestias se incluyen «los animales de las más variadas descripciones», y sus lugares, los palacios, tribunales de justicia y guardarropas. Pearce le asigna, no el estómago ni los brazos, sino los pulmones, la sangre y las vísceras. Algunos astrólogos dicen que los pecados típicos de Júpiter son más de omisión que de obra. Furze Morrish sugiere que las «sublimaciones» peculiares de las personas de Júpiter son «los métodos religiosos y la filantropía, extendiéndose desde la jovialidad hasta la dedicación». En cuanto a sus aspectos, Júpiter en cuadrado con Marte exagerará los efectos marcianos. A lo largo de la historia se ha atribuido especial importancia a las «grandes» conjunciones de Júpiter y Saturno, ese planeta frío y viejo.

Volver a Los Planetas