La Luna

La tradicional y rápida viajera, siempre cambiante, la Luna representa el principio femenino (a pesar de los babilonios, que curiosamente hicieron a la Luna del género masculino). Ella descubre la vena lírica en los astrólogos, no menos que en otras gentes. La astróloga americana Evangeline Adams escribe: «Ella es el agua lustral y la portadora mística del Santo Grial.» En diferente estilo, el Calendario de los Pastores dice: «Los hombres o mujeres que nazcan bajo la Luna serán humildes y serviciales y muy amables.. y serán muy favorecidos, tanto el hombre como la mujer, y sus caras serán llenas y redondas… Odiarán a los conversadores lujuriosos y a los comentadores de la indecencia… irán alegremente ataviados con ropas de muchos colores, y con facilidad sudarán por la frente. También sentirán gran deseo de ser dueños o dueñas» de grandes corrientes, ríos, e inundaciones, e idearán muchas máquinas apropiadas para coger y engañar a los peces… Y las luces y el cerebro del hombre estarán bajo el mandato de la Luna.» La palabra lunático procede por supuesto de Luna; en el siglo XVI, Paracelso enseñó que el lunático empeora con la Luna llena y la nueva, porque el cerebro es la Luna del microcosmos.
En la Edad Media, cuando algunos astrólogos mantenían que los diferentes períodos históricos caían bajo la férula de diferentes planetas, se sugirió que la Luna estaba en alza cuando la destrucción de Sodoma y Gomorra. Esto parece encajar bien en el concepto de la Luna en El Calendario como patrona de la castidad. Pero hay otras facetas de la imagen lunar. Según Raphael, la Luna es específicamente responsable de las personas y marineros de poca categoría, de los animales anfibios, de todos los mariscos, de aves tales como los gansos y cisnes, de plantas como el alga marina, el melón, el pepino, las setas, y en algunos lugares, de los albañales.
La conexión con el agua es obvia. Desde tiempos remotos el hombre observó la influencia de la Luna sobre las mareas. La menstruación también fue referida a la Luna. En época más reciente se ha observado la periodicidad lunar en el comportamiento de los cangrejos, gusanos, nereidas y ciertos erizos de mar. La Luna, como el Sol, gobierna sólo un signo, Cáncer, el cangrejo (que es un signo «acuoso»). En un tiempo, según los médicos astrológicos, las purgas debían tomarse estando la Luna en un signo acuoso, siendo los otros Escorpión y Piscis. También se ha sostenido que la Luna está involucrada en casi todos los casos de inundaciones. Rupert Gleadow escribe que una Luna dominante puede darle a uno manos largas, finas y húmedas.
Margaret Hone nos da como palabras clave de la Luna la réplica y la fluctuación. La Luna gobierna la infancia y está relacionada con las pasiones, así como también con los cambios de salud. A diferencia de los hindúes, los astrólogos occidentales no le conceden el control de la mente; para ellos el planeta intelectual es Mercurio. Sin embargo, tiene gran importancia si uno se quiere casar.
W. J. Tucker presume que el carácter humano es triple y da a sus tres componentes los nombres un tanto arbitrarios de «personalidad», «individualidad» y «temperamento». La individualidad, dice, es producto de la posición solar y es «superconsciente» (Evangeline Adams definió en una ocasión a la individualidad como la cosa que se siente tras un apretón de manos); la personalidad corresponde a la posición lunar y es subconsciente; el temperamento pertenece a la «ascendente» y es consciente. El astrólogo americano Zoltan Masón afirma que el Sol representa la relación con el espíritu divino, la Luna el alma y lo «ascendente» el cuerpo físico. Furze Morrish, de Australia, sostiene que la Luna representa la influencia de la materia (subconsciente) y el Sol la influencia del espíritu (de nuevo «superconsciente»). De todos modos, esté la Luna ligada con el alma o con la materia, el carácter subconsciente parece ser una constante lunar. Así, no es de extrañar, en estos tiempos de psicoanálisis, que la posición de la Luna en el horóscopo sea considerada por muchos astrólogos casi igual en importancia a las posiciones del signo-Sol y del signo-ascendente.
Otra vez volvemos a tener el patrón o modelo general que debe ser considerado. Tucker explica que, mientras la Luna en Géminis da la personalidad del representante de comercio muy afortunado (lo que parece implicar que lo que forma al vendedor de comercio es el subconsciente), la Luna en Capricornio le volverá a uno muy desagradable si no se controla a sí mismo. Napoleón, añade, tenía la Luna en Capricornio. La Luna en Escorpión se considera por lo general peligrosa o indeseable, mientras la razón por la que Shakespeare no inventó sus propias tramas (según Evangeline Adams) fue porque tenía su Luna en Tauro. En cuanto a los aspectos, el Sol y la Luna en sextil o trino (ambos aspectos buenos) se supone que le ayudan a uno a conseguir lo que desea, aunque quizás lo consiga demasiado temprano.
La conexión de la Luna con la salud siempre la ha hecho prominente en medicina astrológica. Un escritor satírico inglés del siglo XVII, Samuel Butler, en su poema burlesco Hudibras, caricaturiza a William Lilly (el astrólogo más famoso del momento) como la persona que

…con la Luna era más familiar
que ningún otro amante de los almanaques.
Entendía sus secretos con tanta claridad,
que algunos creían que había estado allí.
Conocía cuándo estaba (la Luna) en el momento más adecuado
para cortar espigas o hacer sangrías.
Cuándo para los ungüentos en costras y picazones,
o para la aplicación de sanguijuelas en las posaderas.
Cuándo deben castrarse las cerdas y perras
y en qué signo se hacía la mejor sidra…

Queda muy patente que en tiempos de Butler y Lilly mucha gente tenía en cuenta la Luna cuando trataba de los asuntos domésticos. Pero otros volaban más alto, hacia reinos más nebulosos. Un tratado de 1652 explica cómo «extraer una sustancia blanca lechosa de los rayos de la Luna». Todo lo que se necesita es un vaso y una esponja; pero no queda claro lo que se ha de hacer con esa sustancia una vez obtenida. En todas estas prácticas la fase de la Luna era de suma importancia. En los escritos herméticos se asigna la peonía a la Luna como una de sus plantas especiales; se nos ha dicho que crece cuando la Luna está en creciente y se seca cuando mengua. Si usted pretende utilizar esta planta para fines médicos o mágicos, debe arrancarla cuando la Luna esté en menguante,. Por otro lado, el astrólogo americano Max Heindel sostenía que las operaciones quirúrgicas debían practicarse cuando la Luna esté en creciente. Y los alquimistas medievales descubrieron que sus experimentos eran más satisfactorios cuando la Luna estaba creciendo y ascendiendo.
El uso de la Luna en la medicina astrológica o la magia tuvo precedentes más respetables. En Constantinopla, en el siglo VI de nuestra era, un médico de la corte del emperador Justiniano recomendaba que la gota podía curarse inscribiendo un verso de Hornero en un plato de cobre cuando la Luna está en Libra o en Leo. En el Renacimiento, se creyó que los sueños se volvían realidad cuando la Luna está en cualquiera de los cuatro signos «fijos», Tauro, Leo, Acuario y Escorpión. La idea de que la Luna tiene relación con las enfermedades del estómago, del útero y de «todas las partes del lado izquierdo» se remonta a Ptolomeo. Y en relación con los cuatro temperamentos, «humores» o «complexiones» fue ligada por algunos con el melancólico (aunque ese humor pertenecía más corrientemente a Saturno).

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