Leo

De 23 de julio a 23 de agosto. Signo fijo e ígneo. Con Leo, comienza Ingrid Lind tomando la aparente paradoja «o contradicción… en el pensamiento del fuego fijo». La respuesta, dice ella, radica en el «oro molido», pero quizás hubiera podido también haber tomado analogías con ingredientes culinarios. Pasa a contrastar a Leo con el primer signo ígneo, Aries, que es cualquier cosa menos fijo. Aries es impulsivo e inquieto; pero, como el Sol, se mantiene en su trono. Entre las personas nacidas bajo Leo creciente se incluyen a Bismarck, Garibaldi, Huey Long y Picasso. Entre los que tuvieron a Leo como su signo-Sol, Lorenzo de Médici, Luis XIV («le Roi Soleil»), Napoleón y Rubens.
Este es, pues, obviamente un signo extravertido; ha producido muchos más presidentes en Estados Unidos y en Francia de los que proporcionalmente le corresponden. En cuanto a las características físicas de los hombres de Leo, Pearce les atribuye «una estatura alta y proporcionada, hombros anchos, ojos grandes y prominentes, cabello generalmente claro y a menudo amarillento; tez oval y sanguínea; altanería y temperamento ambicioso».
Varley, menos adulador, describe la fisonomía de Leo como «la más semejante a un león, especialmente en la nariz y en la barbilla retirada; tal como el perfil del rey Jorge III». Barbault distingue dos tipos físicos de Leo, el herculeano y el apoloniano, pero ambos son figuras de hombres atléticos y excelentes. Presenta como ejemplo a Dumas, padre, como muestra casi pura del tipo herculeano. En cuanto a las señoras de Leo, Barbault observa que son dadas a la grande toilette.
El Sol en Leo está en su mayor fuerza; esta fuerza es la esencia constitutiva de este signo, la fuerza del fuego que ahora ha sido puesto bajo control y adoptado para fines útiles. Morrish (en su esquema psico-evolucionario) abraza a Leo con Cáncer, como «las polaridades positivas y negativas subyacentes a todo». Barbault contrasta a Leo con Cáncer: en Cáncer el cordón umbilical todavía no ha sido cortado; es en Leo cuando se rompe hacia la independencia. Pero aunque independiente y muy lleno de sí mismo, el hombre de Leo está muy lejos de lo antisocial: «Su ego desaparece en su vocación» y es un gran trabajador. Por apasionado y ambicioso que pueda ser (con él «vouloir c’est deja pouvoir»), dice Barbault, su gobernador Sol actúa como una suerte de gendarme interno. No es que él obedezca siempre a este gendarme. Como con cualquier otro signo, los tipos pueden ir equivocados. Especial precaución merece Saturno en Leo, signo en el que él está «en exilio»: esto puede producir personas como César Borgia.
No parece que sea necesario recalcar el simbolismo animal de Leo, el rey de los animales, etc. Sus 30º del Zodíaco están llenos de rugidos. Pero cuando caminemos entre este signo y el siguiente, quizás oigamos a la máquina de escribir, a la aspiradora, a la voz de una secretaria leyendo las minutas, o un susurro de crítica. Hemos entrado en un terreno donde todo tiene que ser «justamente así», los pisos deben ser barridos, los archivos guardados, las les deben estar bien puntuadas, las tes cruzadas, las camas (en todos los sentidos) debidamente hechas.