Marte

«Este planeta Marte es el peor de todos, pues es caluroso y seco, e induce al hombre a la obstinación y al apresuramiento, y a la desgracia… Él produce todas las guerras y batallas…» Después de subrayar el antiguo carácter de dios de la guerra del planeta (en Homero, Ares había sido el dios más desagradable), el Calendario pasa al hombre nacido bajo Marte, «experto en todas las desgracias. Él será alimentador de grandes bestias (esto sugiere violentos garañones, toros y quizás los perros de la variedad del mastín). Está lleno de malicia y siempre haciendo daño. Bajo Marte han nacido todos los ladrones y salteadores de caminos que dañan a los hombres verdaderos, los trasnochadores, camorristas, fanfarrones y escarnecedores. Y estos hombres de Marte causan la guerra, el asesinato, la batalla, y gustosamente serán herreros, o trabajadores en el hierro, rateros y embusteros… (El hombre de Marte) es encendido y airado, con cabello negro y ojos pequeños. Será un gran caminante, fabricante de espadas y cuchillos, derramador de sangre humana, disoluto y amante de hablar sobre la indecencia, barba encendida, rostro redondo, y bueno para barbero, para extraer sangre, para sacar dientes, y sus manos son peligrosas. Y será rico con la. mercancías de otros hombres». En efecto, como diríamos ahora, un ejemplo muy optimista. (En tiempos antiguos, parece que este planeta fue identificado con aquel notable verdugo llamado Hércules.)

Este es el cuadro tradicional occidental de Marte y del hombre-Marte. Pero debe observarse que en el antiguo Egipto este planeta se llamaba Horus, el rojo Horas. Este dato es utilizado por el doctor moderno Robert Eisler en El arte real de la astrología, libro violentamente hostil a ese arte; Eisler señala que Horus, bajo cualquier forma, fue la figura favorita del panteón egipcio, por lo que no pudo haber habido ninguna razón para convertirle en «maléfico». Los astrólogos modernos no tratan de hacer bueno a Marte, pero le consideran como un mal necesario. Sin él, nadie poseería cualidades marciales, y nadie sería temido o amado cuando necesitara serlo.

Margaret Hone nos da como sus palabras claves la energía, el calor y la activación. Los dos signos mandados por Marte —Aries y Escorpión— muestran la misma energía peligrosa. En el singular plan de cosas de Ptolomeo, en el que los diferentes países eran gobernados por diferentes planetas y signos, tanto las Galias como la Gran Bretaña estaban íntimamente ligadas con Marte y Aries. «En gran mayoría -—escribe Ptolomeo— sus habitantes son más fieros, más tercos y más bestiales» que las otras gentes. Recientemente un astrólogo francés que se denominaba a sí mismo «Papus», explicaba el carácter inglés por el hecho de que el planeta dominante de Inglaterra es Marte y su signo nacional «el monstruoso signo de Aries». El tipo inglés puro, «el John Bull», es, según Papus, esencialmente marciano. Pero escribió esto cuando ese tipo era todavía comparativamente común. Nelson, que no era un John Bull y que ciertamente fue afortunado en las batallas, nació con Marte subiendo el segundo signo marciano de Escorpión. El gran soldado alemán Wallenstein, uno de los héroes de la Guerra de los Treinta Años y devoto creyente en la astrología, parece que consideró a este planeta como su patrono; esto lo sugiere una pintura al fresco en un techo de Praga, titulada «El Triunfo de Wallenstein»,

Raphael, como de costumbre, perfila las principales esferas de la influencia del planeta: Marte está relacionado no sólo con los militares, sino también con los cirujanos, barberos y «todos los que utilizan instrumentos de naturaleza punzante, los oficios en los que se usa el fuego». Como seres propios de él se incluyen el «mastín, el lobo, el tigre, la pantera y todas las bestias voraces y malas»; también los tiburones y «todas las serpientes de aguas malolientes, y peces dañinos», y, no es preciso añadirlo, todas las aves de presa. Sus plantas incluyen los cardos, las zarzas, la ortigas, el jengibre la pimienta y el ajo «y todos los árboles espinosos, con púas». Entre sus minerales están las hematites, el asbesto, el hierro, el azufre, y es patrón de lugares tales como, los hornos, las destilerías y las carnicerías. Su día es él martes, que en la Edad Media era considerado como el, mejor para practicar sangrías.
Ptolomeo subraya que Marte seca los ríos y produce la pérdida de las cosechas. Un planeta maléfico, explica también Ptolomeo, que causa daños cuando esta ascendiendo y enfermedades cuando desciende. En cuanto a las dolencias, Pearcet (que se oponía a la vacunación) afirma que a menos que Marte aflija en la ascendente o a las luminarias «hay poca, si es qué; hay alguna, probabilidad de coger la viruela». Tradicionalmente Marte fue conocido como «la desgracia menor» y Saturno como «la desgracia mayor». (Saturno fue siempre tenido por el más poderoso de los planetas.) De estos maleficios, los efectos de Saturno han sido comparados con la tuberculosis, y los de Marte con una fiebre. Inevitablemente, deben observárselas relaciones entre ellos. Mussolini los tenía en conjunción, Hitler en cuadrado, y Goering en oposición.

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