Neptuno

Neptuno representa no sólo la sensación, sino también «la absorción del yo en algo grande y maravilloso», tal como las dictaduras modernas. Margaret Hone e Ingrid Lind dan como sus palabras clave la nebulosidad y la impresionabilidad, que posiblemente pudieran aplicarse a las masas nazis, pero que no parecen encajar, por ejemplo, en la Unión Soviética o la China comunista. Por otro lado, Gleadow consideró a Hitler como un uraniano típico, lo que vuelve las cosas más confusas cuando alinea a Neptuno con Saturno en contra de Urano. Podemos simpatizar con Zadkiel que escribió poco después del descubrimiento de Neptuno: «Nada se ha demostrado satisfactoriamente, hasta el momento, en cuanto a la naturaleza de este planeta, desde el punto de vista astrológico.» Luego añadió (un tanto sorprendido, puesto que Neptuno fue también el dios romano de los mares): «Por cuanto nosotros sabemos, parece ser seco, cálido, genial, o de influencia afortunada.» Pero astrólogos -posteriores, aceptando que nada se ha probado sobre la naturaleza, no han refrendado este punto de vista individual.
La condesa Wydenbruck incluye entre las características neptunianas el genio emocional y el misticismo y «si está mal “aspectado”, la borrachera, las drogas y el fraude». Ingrid Lind que sugiere que con los planetas de marcha lenta los tránsitos son las cosas que buscar, observa que los tránsitos de Neptuno conducen a la confusión y añade: «En realidad se requiere un hombre fuerte y sano para controlar en él a Neptuno.» Debe recordarse que este planeta tarda 15 años en pasar por un signo, y que ni él ni Plutón llegan a girar alrededor del Zodíaco durante la vida de una persona. Como señala Evangeline Adams, tiene más que ver con el Zeitgeist que con los individuos. Sugiere que, históricamente, Neptuno en Leo puede haber sido responsable de las revoluciones nacionales, en Virgo de los grandes legisladores, y en Sagitario de los renacimientos artísticos o de nuevas ideas sobre religión. Furze Morrish, que asigna los cinco sentidos a los cinco planetas «más antiguos», conecta a Urano y Neptuno con la percepción extrasensorial.
Margaret Hone, pensando en el carácter nebuloso de Neptuno, señala que fue descubierto en 1846, el mismo año en que se usó el éter en la cirugía. También relaciona su descubrimiento con la introducción de la luz de gas. Lo mismo que con las observaciones de Gleadow sobre Urano, mucha gente puede que no vea por qué el descubrimiento de un planeta ha de ser responsable de nada. Una posible respuesta adecuada para los astrólogos modernos es la sugerencia de que el tiempo estaba sazonado tanto para el descubrimiento de Neptuno como para el uso del éter y la luz de gas.
Algunos astrólogos (relacionando obviamente al planeta con el dios) gustarían transferir a Neptuno el mando de Piscis, que tradicionalmente pertenece a Júpiter. Algunos, trabajando también al parecer por asociación de ideas, le atribuyen ocupaciones que tienen que ver con el mar. Del mismo modo, Pearce, por no haber tenido un largo conocimiento de Neptuno, es cauto sobre él, sugiriendo que tal vez diera una dirección para un viaje al extranjero. En cuanto a las cualidades de sensacionalismo, nebulosidad, misticismo, mediumismo, etcétera, bien pueden también haber sido sugeridas a los astrólogos por la enorme distancia de nosotros de este planeta y por la mera casualidad de su nombre. (Sobre este segundo punto, sin embargo, algunos astrólogos llegan a replicar que el planeta mismo —o quizás todo el sistema estelar— impuso el nombre inevitable a las personas que pensaron haberlo inventado.)
Sea o no excéntrico el propio Neptuno, como dicen que es, lo cierto es que parece convertir en excéntricos a algunos seres. Max Heindel, queriendo equiparar a los planetas con «los siete espíritus ante el Trono de Dios» (excluyendo al Sol y la Luna que los antiguos habían contado como planetas, e incluyendo en cambio a la Tierra y a Urano) se deshizo de Neptuno afirmando lisa y llanamente que «realmente no pertenece a nuestro sistema solar». ¿Qué es Neptuno entonces? Contestación: «la incorporación de un Gran Espíritu de las Jerarquías Creadoras que normalmente ejercen influencia sobre nosotros desde el Zodíaco». Esto se escribió en 1919. Furze Morrish, enemigo del jazz, afirmaba que Neptuno, de entre todos los planetas, es el único capaz de remediar esto; con su entrada en Libra (que por supuesto representa el equilibrio o balanza) podemos encontrar, según espera él, «un cambio en ese abominable, destructor y maníaco tipo de música». Hasta añade, optimista: «La música fea podría ser proscrita.»
Esto nos deja con el pequeño y alejado Plutón, en cuya comparación (en términos de conocimientos) Urano y Neptuno son veteranos. Ni siquiera ha adquirido todavía un símbolo apropiado.

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