Saturno

Hasta tiempos más o menos recientes Saturno era el más alejado de los planetas conocidos. Su distancia le hizo frío y lento y estas cualidades fueron resaltadas por el carácter tradicional del dios Saturno, deidad que llegó a identificarse con el griego Cronos, es decir, el Viejo Padre Tiempo, con guadaña y todo. (En la Edad Media se decía que Saturno llevaba una guadaña o una hoz porque causa más destrucción al retroceder que al avanzar.) Y del mismo modo que Cronos, antes que Zeus, había sido rey de los dioses, así Saturno en muchas épocas y lugares se consideró el planeta más poderoso individualmente, tal vez porque era notorio en maleficio. El historiador romano Tácito escribía que «de las siete estrellas que gobiernan los asuntos humanos, Saturno tiene la esfera más alta y el principal poder». Como muchos de los antiguos y sus sucesores, Tácito debió suponer que la esfera más alta (esto es, la mayor distancia desde la Tierra en el centro del sistema) realmente confería el principal poder.

Saturno es el gobernador de los viejos y su palabra clave es limitación. Es esencialmente cauto; hasta los antiguos babilonios le llamaban el estable. (Es el planeta gobernante de Escocia.) Desde los tiempos de Tácito, Saturno fue considerado el planeta del judaísmo; Tácito usa esto para explicar la observación judaica del sábado, que es también el día de Saturno. En la Edad Media el famoso astrólogo escocés Miguel Escoto, contrastándolo con Júpiter (el patrono de los verdaderos creyentes), subraya que Saturno es el patrono de los paganos y judíos, quienes son tan lentos para creer como el planeta lo es para girar por el firmamento.

El Calendario de los Pastores es igualmente elocuente: «Cuando él reina hay muchos robos y poca caridad, muchas mentiras, mucho pleitear de unos contra otros, grandes envenenamientos, muchos debates, juramentos… Y las gentes ancianas estarán muy enfermas, y muchas enfermedades dominarán entre las gentes, especialmente en las horas principales de Saturno. Y por tanto este planeta se asemeja a la edad, tan duro, tan hambriento, tan sospechoso, tan codicioso, que raras veces está contento con nada. Pues Saturno es enemigo de todas las cosas que crecen y llevan vida de la naturaleza, por el frío y la amargura tormentosa de su tiempo.» Donde Venus y Júpiter son cálidos y húmedos, Saturno es tradicionalmente frío y seco y así está ligado con el humor de la melancolía. Según los antiguos libros herméticos, entre sus plantas se incluyen el asfodelo y la siempreviva.

Las cualidades asignadas por El Calendario a los tipos saturninos parecen mezcla más desigual que en la mayoría de los otros planetas. «El que ha nacido bajo Saturno será falso, envidioso, lleno de discusiones y leyes. Y será astuto en curar la piel, y gran comedor de pan y carne. Y tendrá una respiración maloliente, y será pesado, pensativo y malicioso; ladrón, luchador, lleno de codicia; y sin embargo, será persona de buen consejo, sabio para aconsejar y pecar intencionadamente.» No todos estos rasgos parecen estar en consonancia con el planeta de los ancianos y de la cautela. Ni tampoco añade más en este sentido lo siguiente: «Será gran narrador de cuentos, torneos y crónicas. Tendrá ojos pequeños, cabello negro, grandes labios, hombros anchos y mirará hacia abajo. No será partidario de sermones, ni irá a la iglesia.»

El Calendario pasa a relatar lo vengativas que son las gentes de Saturno y lo «frías en caridad». Su color favorito, por supuesto, es el negro. Una buena parte de esta información se debe a Ptolomeo, quien anotó también que Saturno hace crecer el pelo en el pecho, aunque solamente cuando el planeta está creciendo. En la astrología hindú se atribuye a este planeta un carácter igualmente lúgubre: aparece personificado como un cojo, vestido de negro, con uñas y dientes largos y «experto en toda clase de maldades». A pesar de este sombrío cuadro, Saturno, como Marte, es necesario en el caleidoscopio celeste. Ingrid Lind (que seguramente no aceptaría los detalles más violentos del Calendario) escribe: «Una persona con un buen Saturno es como una planta con raíces sanas.»

En la Edad Media, Saturno estaba muy relacionado con la magia. Algunos hasta llegaron a pensar que para fines mágicos era de mayor utilidad que la misma Luna. En cuanto a las imágenes astrológicas (pequeños amuletos inscritos con símbolos astrológicos, y destinados a hacer el bien a los que lo llevan o a hacer mal a sut, enemigos), Saturno fue representado por un hombre cabalgando en un dragón, sosteniendo una hoz, vestido de negro o con piel de pantera. Los poderes atribuidos a él son mostrados por las observaciones de un obispo de París del siglo XIII, a quien le interesaba en extremo la astrología aunque no hasta el punto de admitir «lo que es tan celebrado entre los astrólogos… a saber, que una estatua hablará como un hombre si se la funde en bronce cuando Saturno está en creciente».

En la Florencia del Renacimiento, el docto Marsilio Ficino (protegido de la familia de los Médici) elaboró su propia doctrina de la melancolía —el humor saturnino-— como uno de los cuatro humores que más influían en los intelectuales. En efecto, trató de convertir a Saturno en un buen planeta y estaba orgulloso de que se mostrara de forma muy conspicua en su propio horóscopo. Kepler tenía también a Saturno prominente en su horóscopo; aunque era escéptico en cuanto a las prácticas de los astrólogos, llegó a escribir con toda seriedad: «Conmigo Saturno y el Sol operan juntos; por tanto mi cuerpo es seco, nudoso y no alto. El alma es pusilánime, y se cobija bajo escondrijos literarios; es desconfiada, asustadiza, busca su camino por entre las zarzas y se queda enredada en ellas. Sus hábitos morales son análogos.» Un ejemplo histórico más: en el siglo XVII, William Lilly describió al clérigo de Gales, dado a la bebida, que le había enseñado a él la astrología, como «la persona más saturnina que mis ojos contemplaron jamás…, raramente alegre».

Los signos zodiacales de Saturno son Capricornio y Acuario. Pearce, al presentar su catálogo de los efectos del planeta en todos los doce signos, encuentra pocos en los que Saturno aparezca con un temperamento agradable. Según sus signos, Saturno en Capricornio es de lo más desafortunado, pero en Acuario, aparte de los dientes torcidos, le da a uno una mens sana in corpore sano. De los otros, Saturno en Aries le hace a uno «pendenciero, displicente o adusto»; en Tauro, «avaricioso, reservado y envidioso»; en Géminis, «perverso, egoísta y amargo», y así sucesivamente. Una notable excepción es Saturno en Sagitario, que le hace a uno «afable, condescendiente, generoso, honrado, justo, clemente con el enemigo, constante con el amigo, pródigo en promesas, con exceso de buen natural».

Otros astrólogos están más dispuestos a reconocer el lado útil de Saturno. Evangeline Adams escribe: «La posición de Saturno en cualquier hombre representa su sabiduría, es decir, su innata y icumulada experiencia.» Pone como ejemplo de tipos saturninos a Gladstone y Woodrow Wilson, y anota también que las personas hechas por su propio esfuerzo con frecuencia están bajo Saturno La escritora astrológica alemana del siglo XIX, condesa de Wydenbruck nos da como características de Saturno el «egoísmo, la reticencia y la diplomacia, la desilusión, las demoras, la constricción en todos los aspectos»; añadiendo, «el trabajo duro y la perseverancia»

En materia de aspectos, donde Júpiter tiende a exagerar, Saturno tiende a la limitación o devaluación. Venus es el planeta de las relaciones personales, pero Saturno, en íntima conjunción con Venus limitará el poder de uno para hacer amigos. Tucker mantiene que mientras Saturno en sextil o trino (ambos aspectos buenos) con el Sol le hará a uno filosofar, Saturno en sextil o trino con Júpiter puede contribuir al genio, como en el caso de Bismarck y Dickens. Más importante es aún Saturno en conjunción con Júpiter, que puede conducir a un genio sobresaliente, como en los casos de Shakespeare y Newton; pero esta misma conjunción puede producir también frecuentes ataques de melancolía. Morrish señala que Saturno, que está especialmente relacionado con el reino mineral, es el planeta que uno necesita en la segunda casa (la casa, entre otras cosas, de las finanzas) si uno anda detrás de un contrato minero.
Durante milenios Saturno fue el planeta más lejano conocido por la astrología, y por esta razón, de la astronomía. Luego, en 1781 se descubrió Urano. El impacto de este sorprendente acontecimiento será discutido después; aquí nos limitaremos a sus características, que le han dado un gradual incremento mediante la observación (o invención) de los astrólogos.

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